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Mi nombre es Antonio Crespo y me encanta vender humo.

Llevo toda la vida haciéndolo y se me da bien.

Tengo facilidad.

Hay gente que prefiere vender aguacates.

O zapatos.

O colchones.

A mí esas cosas no me van.

Las veo…

demasiado a la vista, demasiado explícitas, demasiado tangibles.

Es como que…

Como que les falta el punto sexy.

Ese punto sexy que diferencia a Margot Robbie de Carmen Machi.

No sé…

Yo prefiero vender ideas, propuestas, promesas, conceptos, proyectos, sueños…

Prefiero vender humo.

Pero espera.

Para que veas exactamente de qué te hablo… mejor te cuento una anécdota un poco friki:

Hace años, cuando trabajaba vendiendo franquicias para una Consultora especializada en el tema, mi excuñado, Pedro, trataba de entender lo que yo hacía:

– Entonces… ¿tú eres como Richard Gere en “Pretty Woman”? ¿Compras empresas en la quiebra para luego despedazarlas, reestructurarlas y vender sus activos por partes con el fin de obtener grandes ganancias?

– Pero vamos a ver, Pedro, ¿en qué momento he dicho algo remotamente parecido a eso…?

– No sé… Como llevas traje y corbata pensé que por ahí iban los tiros.

– No. Lo que hacemos nosotros es captar a gente interesada en montar un negocio en régimen de franquicia y luego les vendemos muy bien la movida para que quieran convertirse en propietarios de una franquicia.

– Aaaahh, yaaa… Y así pasan a ser los dueños de alguna de las tiendas que tiene la franquicia, ¿no? Como un traspaso o algo así…

– No. Eso ocurre muy pocas veces… Lo normal es que, una vez que entran en la franquicia, sean los propios franquiciados los que pillen el local (normalmente lo alquilan) y luego, antes de empezar a funcionar, aún tienen que reformarlo según las directrices de la marca, formar al personal, formarse ellos…

– Aaaaah… Ya veo, ya… Entonces cuando entran en la franquicia… aún no hay negocio.

– No, aún no hay negocio. El negocio lo van a montar y operar ellos, estos nuevos franquiciados.

– Aaaaah… Vale, vale… Ya entiendo… Entonces tú no les vendes un negocio sino… ¡la idea de un negocio!

– ¡Ostras, Pedro! Pues sí. Más o menos… es eso.

¿Ves?

Humo.

Puro humo.

Y a lo largo de mi vida he vendido humo de todos los colores:

– desde sitios web, software personalizado y SaaS que el comprador se tenía que imaginar…

– hasta franquicias («ideas de negocio» como me decía mi excuñado Pedro) de mil diversos sectores…

– pasando por Inversiones, Consultorías, Cursos, Infoproductos, Musicales, Servicios Jurídicos, Tratamientos Estéticos y otros muchos productos o servicios de los que los potenciales clientes no sabían más que…

»bueno, parece que hay alguna gente que ha dado el paso y está contenta pero… ¿Será así para mí? ¿Estaré contento si doy el paso?»

En fin, como ves, no he vendido nada que se parezca a un aguacate, a unos zapatos o a un colchón.

Pero… 

Sí he vendido humo.

Mucho humo.

Y siempre trabajando desde la única metodología que he visto que trae resultados consistentes:

1. Construcción (o reconstrucción) de una marca carismática, magnética, valiosa, inolvidable a primera vista y… la referencia inmediata en la mente de los clientes.

2. Manejo de una comunicación salvaje, cruda, honesta y directa.

Una comunicación que es capaz de romper un mercado y de enchufar una audiencia a tus mensajes para finalmente atraer a los leads que te interesan y repeler a los que te marean la perdiz.

Yo la llamo comunicación real o comunicación antimarketing.

3. Implementación de un sistema de ventas automatizado y de resultados predecibles que convierte leads cualificados en clientes. Sin fricciones ni negociaciones desgastantes.

Así es como trabajo.

Y, de hecho, ya lo estás viendo con tus propios ojos.

¿Ves?

¿Ves cómo lo hago con mi propia marca?

¿Ves cómo me comunico?

¿Ves cómo me he metido en tu puta cabeza y cómo, conforme me vas conociendo, me voy pareciendo más y más al tipo que buscas desde hace tiempo para darle caña a las ventas de tu empresa?

Bien.

Y ahora escucha.

Porque te voy a decir con qué tipo de clientes trabajo.

Toma nota.

Sólo trabajo con empresarios con HUEVOS.

Huevos u ovarios.

Se me entiende perfectamente.

Es decir,

no trabajo con pusilánimes conformistas que desean el resultado pero no están dispuestos a hacer lo que hay que hacer para conseguirlo.

No.

Trabajo sólo con empresarios a los que les va bien pero QUIEREN MÁS.

Sí.

Estos son el tipo de empresarios que me interesan.

Y me interesan porque saben jugar al videojuego de la vida:

empujan más, arriesgan más, la cagan más, aprenden más, desean más, sueñan más…, JUEGAN MÁS.

Son gente valiente, curiosa y ambiciosa.

Son buenos empresarios.

Son empresarios con huevos.

Y joer, a lo mejor tú no tienes huevos…

Pero si los tienes y quieres que te ayude con tu marca, tu marketing y tus ventas…

quizá deberías apuntarte para recibir mis emails y escuchar el Majestuoso Audio de 11 minutos y 35 segundos.

¿Que no tengo huevos? Toma, sujétame el cubata.

A ver, ¿dónde están ese audio y esos emails?

Aquí los tienes.

Apuntarse es gratis. Darse de baja también.

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